Hombre y padre

Caricatura: Hombre llega y entra por la puerta de su hogar, maletín en mano, cansado y ausente. Acto seguido, su mujer de arrodilla y lo abraza. El bebé hace lo mismo con su madre. Estos dos últimos lloran a lágrima tendida.

Cuando terminé de escribir mi entrada sobre lo masculino, comencé a reflexionar sobre un componente añadido al ser hombre, como es el hecho de ser padre, porque intuyo que pasan más cosas en el hombre por ser padre, que ocurren movimientos internos interesantes y se remueven cosas, y que merece la pena intentar acercarnos a verlo con un poco de luz. 

Por otro lado no he encontrado tanto material sobre lo que le ocurre internamente al padre cuando comienza a serlo como las luces preclaras que sí he encontrado sobre lo que sucede en el interior de la madre en la época de maternidad. 

Recuerdo la impresión tan grata que me han causado autores como por ejemplo Laura Gutman, que ha dado claves buenísimas sobre la maternidad… pero que profundiza poco buscando claves sobre la paternidad. Lo más importante que saqué sobre la figura del padre leyendo estos libros es que su papel es contener y sostener a la madre durante el puerperio. Y estoy de acuerdo, pero me parece escaso, y me pregunto: ¿qué movimientos internos ocurren en el hombre cuando se convierte en padre para el resto de su vida?, ¿sólo somos sostenedores de la madre?

Entiendo y acepto que el padre empieza su recorrido como tal siendo sostenedor de la madre en el equilibrio del hogar y que ese apoyo incluye estar al tanto del mundo externo que las rodea: casa, compras, visitas… sobre todo al principio. Pero al mismo tiempo que se asume este rol suceden movimientos dentro de uno, y esto es lo que yo he ido percibiendo. 

De entrada he notado una fuerte influencia del entorno que determina el papel del padre, en el que normalmente se le trata de relegar a un papel más o menos secundario: ya desde la noticia del “vamos a tener un hijo” a la familia y amigos, parece que el padre va de postizo: “enhorabuena a la mamá, bueno y al papá también, claro”. Se oye a menudo. 

Me parece que esta es la excusa perfecta que usan muchos hombres para quitarse de en medio y dejar el protagonismo, y sobre todo el trabajo, a la madre y a las mujeres de la familia. Es una metáfora muy real esa imagen típica del padre a la puerta del paritorio dando vueltas nervioso, es decir, fuera del proceso, a la puerta. 

Desde mi experiencia con la paternidad, he visto que durante el embarazo, parto y primeros años de mis niños todo ha de ser una experiencia de trabajo en equipo, de complementación y/o sustitución a todos los niveles con la madre: físico, mental, emocional y espiritual. Los espacios que deja la mujer al pasar a ser madre, los puede ocupar el padre desarrollando su parte femenina

1.- A nivel físico, el padre ha de jugar claramente el papel de sostenedor. La madre  tiene un desgaste físico enorme: primero en el embarazo, después en el parto, y por último durante el puerperio, en el que tiene que darse además de su recuperación, el trabajo de los cuidados del bebé incluyendo, si se da, la lactancia natural. Todo ello es un desgaste físico increíble para la madre, que el padre puede sostener aportando su fuerza vital. 

2.- Algo similar pasa a nivel mental, pues la organización de todas las tareas que hay que hacer, y sobre todo si no es el primer niño en la familia, hace que la organización del día a día sea algo delicado. En mi opinión  aquí surge una primera dificultad para un padre-hombre, pues la intuición es una cualidad femenina y gracias a ello la organización familiar que promueve la mujer tiene sentido común, pero ella en el embarazo y el puerperio no está para organizar, está a lo que debe estar, es decir, mirando al bebé que lleva en su vientre (embarazo) o en sus brazos (puerperio) y eso siempre que le deje el trabajo, claro. 

El problema surge cuando la mujer pasa a su papel de madre y hay que reorganizarse o alguien (normalmente el/los niño/s que es la parte débil) saldrá dañado. Tradicionalmente son el resto de mujeres de la familia las que mantienen el equilibrio femenino del hogar pero hoy las parejas suelen estar separadas de la familia, apenas hay “clan” familiar de apoyo, tampoco hay muchas coberturas sociales. El resultado es la creciente desorganización de la vida familiar que afecta a la armonía personal de cada uno, de relación de pareja y relación entre cada miembro de la familia, despertando todos los rincones oscuros de cada uno. 

Sí entiendo también que esta situación es una oportunidad para que el padre desarrolle su parte femenina y pueda suplir a la madre en las tareas de la organización del hogar pero dile esto a un padre machomán (ver entrada el machomán), que dice que “eso es cosa de mujeres”. Para mí que sean bienvenidos los padres abiertos a desarrollar su lado femenino y ver que en este aspecto hay tarea, en primer lugar para crecer en evolución personal al integrar la parte femenina, pero también hay tarea porque si ni el padre ni los familiares femeninos se ocupan de hacer hogar, los más dañados será los niños, ya que pasarán sus meses de embarazo y primeros meses/años de vida sin sensación de hogar, ni de seguridad, ni de confianza y siempre se sentirán fuera de casa, fuera de lugar y entre “extraños”. A mí esa sensación me da mucho frío al corazón. 

3.- Luego viene la cuestión emocional, donde el padre puede quedar fuera de juego fácilmente, porque lo emocional, lo del corazón, no es innato en lo masculino. Así, el hombre ve que la madre entra en un torbellino emocional, en parte por la cantidad de cambios hormonales, tanto en el embarazo como en el puerperio y también porque el bebe es emoción en estado puro. Es decir, se le juntan al padre todos los cambios emocionales de la madre que no comprende porque le son ajenos, con sus propios cambios emocionales que tampoco suele estar habituado a manejar. Esto hace que el padre se vuelva del revés, queda totalmente descolocado sin saber por dónde empezar a “apagar fuegos”. 

Ante esta situación muchos padres escapan dejando todo el peso de la crianza a la madre amparándose en eso de que “las madres son increíbles” (que lo son), que “hacen un gran trabajo con los niños” (que lo hacen), que “tienen instinto maternal” (que lo tienen). Al final es una evasión y otra vez quien sale perjudicado es el niño ya que se pierde el aporte emocional del padre que ciertamente es creciente en la vida del niño: en los primeros meses requieren todo de la madre, pero si la presencia del padre es inexistente, seguro que el padre nunca llega a tiempo a la vida de su hijo cuando éste empiece a buscarle: cuando empieza a soltarse de la madre para buscar la presencia del padre. 

Creo que en general es realmente complicada la situación para un padre, pues ya de por sí nos cuesta manejar emociones. Por otro lado el niño despierta sentimientos maternales en nosotros que no conocíamos, y además la madre está en su propia montaña rusa emocional, lo que imposibilita el que siga ejerciendo el papel de sostén emocional para nosotros. Esto nos deja fuera de juego y sin la ayuda de nuestro complemento femenino. 

Este aspecto de lo emocional me preocupa bastante, tal vez por que a mí me cueste especialmente, pero me gustaría tener o que me dieran algo más de luz sobre lo emocional en el padre, porque creo que hay más cosas implicadas aparte de lo que he dicho: surge el recuerdo de tu propia infancia con todas sus sombras,  la relación con tu propio padre,… y esto me lleva al cuarto apartado: el espiritual. 

4.- Cuando podría parecer que una experiencia de paternidad no tiene demasiado de espiritual, siento que es algo bastante más espiritual de lo que pensaba. 

En primer lugar me surge de forma clara (aunque aún me faltan cabos por entender) el recuerdo de mis sentimientos durante los partos de mis dos hijos, donde tuve la sensación de que ocurrían muchas cosas que califico de espirituales, pues justo el momento en que el niño empieza a respirar por sí mismo, es como si el Universo se condensara en esa primera inspiración. 

Esto era por un lado un esfuerzo, (el primero de la vida), pero también una ilusión llena de expectativas: como si el alma del niño estuviera llena de ilusión por “un nuevo curso que empieza”. 

En resumen, siento que la experiencia de la paternidad es un cambio de vida que supone una oportunidad de crecimiento para el hombre, pues ha de ocupar espacios que normalmente son femeninos. En todos los sentidos ser padre es todo un trabajo diario de aprendizaje y crecimiento.

Nacho.

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Profesora de Yoga para adultos y familias, sanadora a través del canto y del sonido, canalizadora de imágenes y mensajes de guías espirituales
y Maestra de Reiki Usui Tibetano.

2 Comentarios

    • Hola Monstrua.

      Pues yo te diría que las tareas del hogar son eso: tareas, y por tanto son cosas que todos tienen la función, la responsabilidad, etc. de realizarlas, según la posibilidad/capacidad de cada miembro de la familia, incluidos los niños a su nivel.

      Otra cosa es que la organización y el impulso tendrá más sentido si se hace desde el lado femenino. Y también creo que ese lado femenino lo puede aportar tanto una mujer como un hombre que haya integrado su parte femenina. Luego estará cada caso concreto, pues habrá mujeres con poco “lado” femenino y hombres con un gran sentido “femenino” de la organización, por ejemplo.

      La entrada intenta ir más allá de quién hace las tareas, voy a que un lado femenino tiene unas características y un lado masculino tiene otras; desde un punto de vista energético es así. Luego está la evolución de cada persona que estará en un punto de integración determinado. Por eso trato de ir más allá de quién hace una tarea o quién tiene que hacerla, porque eso dependerá de lo que se haya “decidido” en el hogar.

      Espero haber respondido, y si no, puedes volver a comentar lo que quieras, serás bienvenida (o bien-leída, mejor dicho)

      Gracias. Nacho.

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